LA DEHESA Y SUS USOS

ORIGEN DE LA DEHESA

Los orígenes de la dehesa se remontan a la reconquista. Los ganaderos locales empezaron a vallar sus propiedades para protegerlas del ganado que realizaba la trashumancia.

El termino dehesa procede de la palabra defesa que en latín significa defensa o terreno acotado para su uso de los pastos.

La dehesa la conforma un bosque mediterráneo modelado al antojo y necesidades del ser humano, adaptando el bosque para uso agrícola, ganadero y forestal. La masa arbórea la componen principalmente encinas, robles, alcornoques y quejigos. En las zonas más húmedas junto a arroyos y riveras pueden aparecer pequeños bosques de fresnos.

encinas en zona de pasto con sol tras la encina, carrascos de 1 metro de altura a su alrededor.

Uso forestal.

El monte adehesado se ha utilizado tradicionalmente para la obtención de materias primas de primera necesidad, como son la leña y el carbón mediante la poda (desmoche u olivado), el corcho mediante la extracción de la corteza del alcornoque. A su vez, las hojas de las ramas podadas sirven de alimento para el ganado, el ramoneo, como se conoce. Dependiendo del tipo de árbol se realizaba de un modo más o menos agresivo, a fresnos y robles se les talaban todas las ramas a la altura del tronco, mientras que en las encinas se mantienen las principales ramas.  

También se colocan colmenas para la obtención de miel, aunque es una actividad minoritaria y en la mayoría de los casos se cede el terreno para su colocación a colmeneros o apicultores de otras zonas.

Antiguamente también se utilizaba la corteza para el teñido de las pendas en la tenerías.

Uso agrícola.

Aunque la dehesa no se utilizaba tradicionalmente para la siembra y cultivo de cereales para consumo humano, sí se utilizaba para sembrar cultivos del tipo forraje o centeno que sirviera para alimento del ganado en los meses de invierno. O para la obtención de heno (hierva natural segada) que una vez atado o empacado, se guardaba en las paneras para el alimento de los animales estabulado.

Uso ganadero.

Es el uso tradicional principal de la dehesa, y por el cual se originó. La ganadería extensiva dio lugar al cerramiento mediante paredes, al clareado del bosque mediterráneo para la producción de pasto, y por consiguiente a la creación de lo que hoy tenemos a nuestro alrededor. Un paisaje similar a la sabana africana único en el mundo.

Esta disminución del arbolado da como resultado el crecimiento de multitud de especies de gramíneas (hierva) y flores, que tapizan de fondo verde con una gran variedad de colores el terreno en primavera. Este a su vez sirve de alimento a gran cantidad de especies de invertebrados que apenas podemos definirlos, y gran variedad de vertebrados y mamíferos salvajes que todos conocemos. Dos de las especies que colaboran para la conservación de este entorno son el arrendajo, un ave de la familia de los córvidos, que acumula de bellotas en lugares protegidos y escondido a modo de despensas que pueden llegar a servir de semilleros para nuevas plantas. Y otro es el zorro, que al alimentarse de frutos de arbustos, ayuda a propagar las semillas de los mismos por amplias zonas del terreno. Por mencionar algunas, aunque no son las únicas.

Todo esto contribuye a que estos hábitats contengan una gran biodiversidad tan necesaria para revertir el cambio climático, especialmente las plantas por su generación de oxígeno mediante la transformación del CO2. 

En tiempos pasados, por norma general en la dehesa, dentro de los terrenos del mismo propietario (finca), convivían y se criaban los tres tipos de ganado doméstico en extensivo: el bovino, el porcino y ovino. En función de la calidad del terreno y la producción de pasto, estos se destinaban al ganado mejor adapto para el mismo. Las partes más abiertas del monte se destinaban a las vacas, ya que estas necesitan de mayor pasto, las zonas más cerradas o tupidas para ovejas o cabras (estas últimas generalmente en terrenos más abruptos y menos productivos, ya que no hacen ascos a nada, lo mismo comen pasto que matorral). Y al cerdo se le dejaba todo aquel lugar donde hubiera bellotas. Pudiendo convivir sin ningún problema con vacas, aun siendo de lidia. No obstante, en buena parte de las fincas destinada a ganado de lidia podemos ver a los cerdos pastando en sus mismas tierras.

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